Desde un enorme ser cubierto de pelo que habría recorrido la cordillera de O’Higgins hasta una ciudad fantasma que desaparece entre la camanchaca, las leyendas chilenas están llenas de historias capaces de poner los pelos de punta. Para este Halloween 2026, viajamos por seis regiones para conocer algunos de sus relatos más misteriosos.
1. ¿Existe un Yeti en Rengo?

Imagina estar en plena cordillera de Rengo, Región de O’Higgins, cuando entre los cerros aparece una enorme criatura cubierta de pelo. Desde la década de 1950, arrieros, campesinos y cazadores aseguran haber visto al Hombre de las Nieves en el sector Valle de los Huesos.
Los testimonios describen a un ser de gran estatura y fuerza, que huía de las personas dando enormes saltos, incluso capaces de cruzar un río de un brinco. Algunos pensaron que podía tratarse de un animal desconocido, mientras otros creyeron que era un ermitaño que vivía aislado en la cordillera. Nunca se comprobó su existencia, pero el relato sigue alimentando el misterio en Rengo.
2. Los zampoñeros de Socoroma

En la Región de Arica y Parinacota, el cerro Pusiri Collo –que significa “cerro de los músicos”- esconde una de las leyendas más famosas del Altiplano. Se dice que durante una fiesta, un anciano se apareció entre los músicos zampoñeros, quienes lo protegieron y alimentaron. Antes de marcharse, les advirtió que debían abandonar el pueblo sin mirar atrás.
Los músicos y una mujer que llevaba a su guagua huyeron, pero al llegar a lo alto del cerro miraron hacia atrás, vencidos por la curiosidad. En ese instante, quedaron convertidos en piedra, muy al estilo de Lot. Hoy puedes visitar Pusiri Collo y reconocer entre sus formaciones rocosas a los músicos petrificados y a la mujer con su hijo.
3. La ciudad fantasma de Tololo Pampa

En las extensas planicies cercanas a la localidad de Canto de Agua en Huasco, Región de Atacama, mineros y arrieros aseguraban haber visto durante la noche una ciudad llena de luces.
La leyenda de Tololo Pampa cuenta que los viajeros podían entrar, comer, beber, bailar e incluso comprar regalos. Pero al amanecer despertaban solos en medio del desierto, apoyados sobre una piedra, mientras la ciudad había desaparecido entre la camanchaca. Lo más extraño es que uno de ellos todavía conservaba en su bolsillo un pañuelo rojo que había comprado para su novia.
4. Las Doce Lunas del Valle de Elqui

En la Región de Coquimbo, la Leyenda de las Doce Lunas cuenta que una terrible sequía azotó el Valle de Elqui, dejando los ríos secos y los cultivos al borde de desaparecer. Ante las súplicas del cacique Caucal, los dioses Gualliguaica e Inti pidieron un sacrificio para devolver la vida al valle.
Doce doncellas fueron llevadas al cielo y convertidas en lunas, mientras los hijos del cacique, Uchumí y Paihuán, se transformaron en ríos que finalmente dieron origen al río Elqui. Según la leyenda, el encantamiento terminará cuando los hermanos logren enamorar a dos de las doncellas celestiales. Dicen que, cuando dos lunas brillan con especial intensidad sobre el valle, se está cerca de romper el hechizo.
5. La Guitarrera de Quinchamalí

En Quinchamalí, Región de Ñuble, una viuda era conocida por sus canciones y por animar fiestas, matrimonios y velorios junto a su guitarra. Un día conoció a un huaso que la conquistó, pero después de un tiempo, él partió y nunca regresó.
La mujer lo esperó durante años, cantando sus penas bajo un peral que había sido testigo de su amor. Hasta que un día fue encontrada muerta bajo el árbol, abrazada a su guitarra. Su historia de desamor inspiró a las alfareras de Quinchamalí, quienes la mantienen viva en la tradicional Guitarrera de Quinchamalí, una figura de greda vestida de negro que parece cantar sus penas.
6. La Carroza de Oro que recorre el Parque de Lota

Y terminamos en Biobío, donde el Parque de Lota es escenario de una antigua historia ligada a las riquezas de la familia Cousiño. Los antiguos habitantes contaban que, después de la medianoche, aparecía una carroza de oro tirada por seis caballos negros.
La conducía un jinete vestido de negro, con sombrero de ala ancha, dentadura de oro y patas de macho cabrío. Se decía que atravesaba el parque para custodiar los tesoros de los Cousiño que, de acuerdo con la tradición, permanecían escondidos allí. Por eso, cuando caía la noche, nadie se atrevía a rondar por el parque.